El meme como punto de partida para unir al ser humano

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En Internet existen infinitos canales y plataformas de recopilación donde disfrutar de los mejores memes y contenidos virales de la red. Sin embargo, el auge de elementos como el meme no goza de suficiente atención en cuanto a su origen. Un origen que, de hecho, es hoy un pegamento que nos une.

Fanáticos del meme

Tendiendo a restarle importancia a nuestro lugar en la historia contemporánea, especialmente a raíz de su naturaleza a menudo tildada de superflua o vacía, todo cuanto acontece hoy es cosecha del futuro. Tomando un caso poco previsible, y si en todas las etapas históricas ha existido un elemento que definió a nuestros ancestros, hoy por hoy los memes son una inequívoca expresión de nuestro talante. O, quizá, profundizando en su lenguaje universal, bastando en muchas ocasiones con una sola imagen para captar el concepto, una especie de idiosincrasia global que nos define y, a la par, nos democratiza como iguales bajo la equidad del humor.

Muy probablemente, los sociólogos de un futuro no muy lejano estudiarán con ahínco el auge de los memes. Aunque, de hecho, se trata ya de una materia sometida a la lupa del estudio en múltiples universidades alrededor del mundo. A todo ello ha contribuido, y cómo no, el gran Internet. Estableciendo así una bidireccionalidad anónima entre el creador y el receptor de dicho contenido que no por ese mismo hecho deja de ser menos provechosa. Si estás buscando pasar un rato entretenido viendo videos graciosos, tweets virales, memes o, en definitiva, lo mejor de las redes, Internet tiene cabida para todo ello. Pero, ¿de dónde proviene ese fanatismo por los memes?

Una vez más, Internet desplegó su magia

En incontables ocasiones, sin importar apenas la localización o el sesgo generacional, nos descubrimos presos de un extraño magnetismo cibernético. Sin saber muy bien por qué, consumimos meme tras meme como si fueran pipas, accediendo a los recovecos de su laberíntico dominio y compartiendo con gusto todas las imágenes halladas a la espera de una risa a cambio. Con el paso del tiempo, dicha actividad se ha convertido en ya una costumbre no sólo de jóvenes, sino también de adultos que ven en estos memes, cargados de política, filosóficos, mundanos e incluso dramáticos un canal de acceso a un humor universal que lo alcanza todo.

De hecho, con el auge de los memes en la red, se han creado webs que se encargan de recopilar los mejores memes virales, así como plataformas más específicas que satisfacen la demanda de quienes categorizan su consumo con férrea concreción. De nuevo, consagrando la idea de que este tipo de contenido está creado por sus mismos consumidores. Algo que, gracias a Internet, nos permite operar desde los dos extremos del segmento que une al comunicador con quien recibe el mensaje.

Por doquier, podemos encontrar no sólo las mencionadas páginas de recopilación de memes y otro contenido viral, sino usuarios comunes que viralizan la expresión de su humor. Tanto mediante memes de cosecha propia y nacidos desde cero, como a partir de reediciones que ganan mayor popularidad que la versión original. Al fin y al cabo, la interacción y los cambios sociales que consigue Internet siguen siendo un magnífico experimento, donde echamos algo a la red para comprobar qué sucede. Y no sin intencionalidad, dado que, como se hizo patente, fueron gran parte de los factores que condujeron al polémico Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

De la política a la publicidad

Por inocentes que parezcan, los memes son también un arma cargada de simbolismo que a menudo debemos leer entre líneas para percatarnos de sus intenciones. En el caso del mencionado Trump, es motivo de discusión pública el hecho de cómo ciertos partidos políticos sacan rédito electoral del meme tanto en campaña como durante su legislatura. Los memes permiten divulgar cualquier tipo de mensaje fuerte, e incluso malintencionado, gracias a que el humor diluye el trasfondo del mismo. No obstante, y lejos de cuantas teorías sobre la conspiración del Estado profundo podamos urdir aquí, el arraigo del meme en la cultura popular es una herramienta transversal.

Tanto es así que incluso podemos reportar casos de empresas que utilizan los memes como estrategia de marketing, ya sea dejando caer en la imagen el detalle de su producto o, en situaciones más directas, incluyéndolo en la misma historieta. De este modo, los publicistas han visto en el meme una oportunidad táctica de captación de clientes que, concretamente, han dejado de consumir los medios de comunicación convencionales sumándose al frenético flujo de novedades de la red. Ya sólo por dicha relación entre publicidad y entretenimiento, queda patente la importancia del input visual en nuestro tiempo.

Un meme que nos hermana

La percepción visual del mundo está ligada a nuestra naturaleza atávica. Como animales, somos más proclives a prestar atención a los impulsos visuales para entender y comprender todo cuanto nos rodea. Razón por la que, cuando se trata de un contenido que se viraliza, los memes sin texto llaman captan mejor la atención, dado que son capaces de hilvanar una historia en nuestros ojos con una gran facilidad. En un momento donde el poder de lo visual, sin marcar diferencias entre lo pueril o simple y lo profesionalmente elaborado, el éxito del meme queda más que claro. Pero, como se ha mencionado, su perfecto anzuelo no sólo se limita al cebo visual.

En estos momentos, mientras miles de millones de seres humanos en todo el mundo coexisten viviendo distintas experiencias, centenares de miles de personas están representando sus anécdotas e ideas en un meme que, si tiene atino, conectará con nuestras propias vivencias. Se trata de una hermosa correlación colectiva de individuos que, sin siquiera conocerse, son capaces de tocar nuestras teclas sin necesidad de análisis de mercado. Todo se interconecta en el escaparate adaptativo de la red: historias que nos hermanan, chistes que nos unen y memes que nos personifican. Y todo, sin tocarnos, sin vernos; sólo a través de nuestras pantallas.