Rigoberta Menchú

Frases de Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz

Leer la siguiente recopilación de frases de Rigoberta Menchú es una buena forma de acercarse a la figura de esta líder indígena guatemalteca que fue Premio Nobel de la Paz en 1992. El galardón fue un reconocimiento a su lucha por denunciar las injusticias cometidas contra los pueblos indígenas y campesinos de Guatemala.

Rigoberta ha recibido otros reconocimientos como el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional o el Odebrecht. Hoy día sigue siendo una de las voces más reconocidas en la lucha por los derechos humanos.

Rigoberta Menchú: frases célebres

A nosotros los mayas nos enseñan desde pequeños que nunca hay que tomar más de lo que necesitas para vivir.

A uno le entra siempre el temor. Si a mí me pasa algo, ¡Dios, ¡qué va a pasar con mi hijo!

Cómo podemos enfrentarnos al crimen organizado. Junto con la corrupción y el narcotráfico, ha constituido una fuerza que no es paralela al Estado. Es realmente un Estado dentro de él.

El mundo ha perdido muchos valores, especialmente los de la comunicación, la memoria. A veces nuestros propios pueblos pierden su memoria histórica y no tienen toda la culpa, pues las editoriales no publican sus libros y los medios de comunicaciones crean.

El racismo y la discriminación es una enfermedad emocional y mental que socava la integridad del ser humano.

El respeto a las culturas milenarias hace nacer la paz en el presente.

En contraste, paradójicamente, fue precisamente en mi país donde encontré de parte de algunos las mayores objeciones, reservas e indiferencia respecto al otorgamiento del Nobel.

Este mundo no va a cambiar a menos que estemos dispuestos a cambiar nosotros mismos.

Hay que cuidar y guardar la madre tierra para que nuestros hijos y nuestros nietos sigan percibiendo sus beneficios.

La democracia no es una meta que se pueda alcanzar para dedicarse después a otros objetivos; es una condición que sólo se puede mantener si todo ciudadano la defiende.

La democracia, el desarrollo y la modernización de un país se hacen imposibles e incongruentes sin la solución de estos problemas.

La lucha indígena debe ser una lucha de todos los pueblos.

La paz es el equilibrio, es el respeto mutuo, es la reciprocidad, es la consulta.

La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo.

La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz.

La única lucha que se pierde es la que se abandona.

Lo que no se vale es la hipocresía y la doble moral de quienes condenan una forma de terrorismo, al mismo tiempo que tratan de justificar el terror de los estados.

Lo único que tengo claro es que un pueblo que no tiene memoria repite las atrocidades.

Los pueblos indígenas hemos podido ocultar nuestra identidad porque hemos sabido resistir.

Mi padre una vez me dijo: Hay algunos a los que les toca dar la sangre a otros les toca dar la fuerza, así que mientras podamos nosotros demos la fuerza.

Nadie puede justificar, por ningún motivo, la matanza indiscriminada de civiles indefensos. Ninguna causa o bandera puede validar el uso del terror asesino en contra de mujeres, hombres y niños.

No consentiremos que el futuro se nos plantee como posibles guardias de proyectos etnoturísticos a escala continental.

No queremos asumir facturas que no son nuestras.

No soñar con la paz mundial es un delito contra la Humanidad.

Nosotros tenemos que ser una luz para los demás, no una oscuridad para los demás.

Nuestra historia es una historia viva, que ha palpitado, resistido y sobrevivido siglos de sacrificios.

Somos hermanos, podemos aprender mucho de Ecuador, de Bolivia, de otros países.

Soy una mujer que siente reverencia por los valores y principios de sus ancestros.

Toda la sociedad tiene la obligación de respetarse mutuamente, de aprender los unos de los otros y de compartir las conquistas materiales y científicas, según su propia conveniencia.

Una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio.

Yo creo firmemente que el respeto a la diversidad es un pilar fundamental en la erradicación del racismo, la xenofobia y la intolerancia.

Yo estoy completamente segura de que la mayoría de la humanidad no cuida su fortuna espiritual.

Yo soy gente normal. Yo cocino. A ver si salgo en un programa de televisión cocinando un plato guatemalteco. Hago un poco de todo.

Unas frases muy inspiradoras, ¿verdad? Ahora t invito a leer las reflexiones de otro Nobel de la Paz: Nelson Mandela.