Retrato de Nicolás Maquiavelo

Frases de Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe

Cuando decimos de alguien que es maquiavélico damos a entender que se trata de una persona astuta, engañosa, manipuladora y sin escrúpulos… En fin, a estas alturas ya te habrá venido a la mente el nombre de algún político. El adjetivo hace honor a Nicolas Maquiavelo, diplomático, filósofo político y escritor italiano, nacido en 1469; y con esta recopilación de frases de Maquiavelo podrás acercarte al pensamiento del padre de la teoría política moderna.

Maquiavelo: Frases y pensamientos

Ante todo, ármate.

Aunque el engaño sea detestable en otras actividades, su empleo en la guerra es laudable y glorioso, y el que vence a un enemigo por medio del engaño merece tantas alabanzas como el que lo logra por la fuerza.

Creo que el verdadero modo de conocer el camino al paraíso es conocer el que lleva al infierno, para poder evitarlo.

Cuando la voluntad es grande, las dificultades no lo son.

Cuando los hombres no se ven obligados a luchar por la necesidad, luchan por la ambición.

Cuando se hace daño a otro es menester hacérselo de tal manera que le sea imposible vengarse.

Cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él.

De la humanidad podemos decir en general que son volubles, hipócritas y codiciosos de ganancia.

De la misma manera que se necesitan las leyes para conservar las buenas costumbres, éstas son necesarias para el mantenimiento de las leyes.

Dios no quiere hacerlo todo, para no quitarnos el libre albedrío y aquella parte de gloria que os corresponde.

Donde hay buena disciplina, hay orden y rara vez falta la buena fortuna.

Donde la fuerza de voluntad es grande, las dificultades no pueden estar.

El deseo de conquistar es extraordinario y natural, y quienes se complacen en ello cuando tienen los medios para cumplirlo son alabados en lugar de censurados.

El hombre olvida antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

El león no puede protegerse de las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Uno debe ser por tanto un zorro para reconocer trampas y león para asustar a los lobos.

El mejor procedimiento para sostener un estado consiste en poseer armas propias, halagar a los súbditos y mantener amistad con los vecinos.

El odio produce temor, del temor se pasa a la ofensa.

El primer método para estimar la inteligencia de un gobernador es mirar los hombres que tiene a su alrededor.

El príncipe debe hacer uso del hombre y de la bestia: astuto como un zorro para evadir las trampas y fuerte como león para espantar a los lobos.

El que quiere ser obedecido debe saber mandar.

El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un estado libre y no mata a los hijos de Bruto, solo por breve tiempo conservará su obra.

El único medio seguro de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla.

En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.

En la medida en que el soberano legítimo tenga menos necesidad de ofender a sus súbditos, es natural que sea más querido con ellos; y si no tiene defectos extraordinarios que lo hagan odiar, es perfectamente natural que la gente lo desee bien.

En política, los aliados de hoy son los enemigos de mañana.

En tiempos de paz hay que pensar en la guerra.

En un gobierno bien constituido, la guerra, la paz y las alianzas son discutidas en tanto cuanto sirvan no para la satisfacción de unos pocos, sino para el bien común.

Es de gran importancia disfrazar las propias inclinaciones y desempeñar bien el papel de hipócrita.

Es doblemente placentero mentir al impostor.

Es mejor actuar y arrepentirse que no actuar y arrepentirse.

Es mucho más seguro ser temido que amado porque el amor es preservado por el vínculo de obligación que, debido a la bajeza de los hombres, se rompe en cada oportunidad para su ventaja; pero el miedo te preserva por un temor de castigo que nunca falla.

Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí, el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no entiende ni discierne lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.

La ambición es una pasión tan imperiosa en el corazón humano que incluso si alcanzamos las posiciones más altas, nunca estamos satisfechos.

La experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos.

La guerra debe ser el único estudio de un príncipe. Debe considerar la paz sólo como un tiempo de respiración, que le da tiempo para inventar, y proporciona la capacidad de ejecutar planes militares.

La guerra es solo cuando es necesario; las armas son permisibles cuando no hay esperanza excepto en las armas.

La habilidad y la constancia son las armas de la debilidad.

La patria se debe defender siempre con ignominia o con gloria, y de cualquier manera estará defendida.

La paz con la esclavitud es más pesada carga que la guerra con libertad.

La política no tiene relación con la moral.

La promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente.

La tardanza nos roba a menuda la oportunidad y roba nuestras fuerzas.

Las viejas ofensas no se borran con beneficios nuevos, tanto menos cuanto el beneficio es inferior a la injuria.

Los cimientos principales de todos los estados son las buenas leyes y las buenas armas, y no puede haber buenas leyes donde no hay buenas armas.

Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves, de las fuertes no pueden.

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.

Los hombres son tan simples y se sujetan a la necesidad en tanto grado, que el que engaña con arte halla siempre gente que se deja engañar.

Los hombres trabajan o por necesidad o por elección, y se sabe que la virtud tiene mayor imperio donde se trabaja más por necesidad que voluntariamente.

Los prejuicios tienen más raíces que principios.

Los príncipes y gobiernos son mucho más peligrosos que otros elementos en la sociedad.

Los pueblos, aunque ignorantes, son capaces de comprender la verdad, y fácilmente ceden cuando la demuestra un hombre digno de fe.

Nada es más difícil de hacer, más dudoso de tener éxito o más peligroso de manejar que comenzar un nuevo orden de cosas. El reformador tiene enemigos en todos los que se benefician del viejo orden y solo defensores tibios que se beneficiarían del nuevo orden

Nada grandioso fue jamás conseguido sin peligro.

Nada hace que el hombre muera tan feliz como recordar que nunca ofendió a nadie, sino que benefició a todos.

No estoy interesado en preservar el statu quo; quiero derrocarlo.

No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden.

No hay nada más importante que aparentar ser religioso.

No pasa de ser natural que los príncipes deseen extender sus dominios, y cuando no intentan nada más que lo que pueden lograr, son aplaudidos. Sin embargo, si son incapaces de lograrlo, se les condena, y, a decir verdad, no sin razón.

No se puede tener una mejor pista sobre un hombre que la compañía a la que asiste: el que tiene compañeros decentes y honestos merece merecidamente un buen nombre porque es imposible para él no tener ningún parecido con ellos.

No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos.

Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira.

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

Se es odiado tanto por las buenas obras como por las infames.

Todos los estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento.

Todos los profetas armados han triunfado; todos los desarmados han perecido.

Un buen ciudadano, por amor al bien público, olvida las injurias personales

Un cambio siempre deja el camino abierto para el establecimiento de otros.

Un hombre que trata de ser bueno todo el tiempo está condenado a la ruina entre muchos otros que no son buenos.

Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse.

Divide para reinar.

¿Dijo Maquiavelo que el fin justifica los medios?

Si has leído las frases anteriores habrás echado en falta una de las citas que siempre se atribuyen a Maquiavelo:

El fin justifica los medios

No, no he metido la pata. Lo cierto es que Nicolás Maquiavelo nunca dijo esa frase ni la dejó por escrito, pero los estudiosos de su obra sintetizaron su pensamiento político en esa frase que ha pasado a la posteridad.

Frases de El Príncipe de Maquiavelo

La obra más conocida de Nicolás Maquiavelo es El Príncipe, un tratado político que vio la luz en 1532, cinco años después de la muerte de su autor. El siguiente video recoge las frases más celebres de El Príncipe de Maquiavelo.

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