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140 frases de la Madre Teresa de Calcuta sobre la vida y el amor

Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida como Madre Teresa de Calcuta, Santa Teresa de Calcuta​ o simplemente Madre Teresa, fue una monja que fundó las Misioneras de la Caridad en Calcuta (India) en 1950. Su abnegada labor atendiendo a los más favorecidos le valió el cariño y admiración mundial, el Nobel de la Paz en 1979 y la canonización tras su muerte (murió en 1997 y fue canonizada en 2016).

Esta gran colección de frases de la madre Teresa de Calcuta es una buena forma de acercarnos a su forma de pensar y conocer el legado que nos dejó.

Frases de Santa Teresa de Calcuta

¿Quién podría despreciar a Jesús? ¿Cómo podemos entonces despreciar a un hermano? La fe es un don divino, pero hay que trabajar para conservarla. La oración es un medio para obtenerla y hacer que permanezca en nuestro interior.

¿Y de dónde saco yo esta superioridad? Es el hombre que se convierte en lobo del hombre.

¿Cómo podemos pedir perdón a Dios, si no sabemos perdonar a los otros?

A aquellos quienes piensan que yo les doy el pescado a los pobres y no les enseño a pescar, le diría, que cuando recogemos a nuestros necesitados, carecientes y enfermos, no pueden siquiera mantenerse de pie.

A la hora de nuestra muerte, seremos juzgados por nuestra actitud de haber reconocidos a Cristo en cada hombre que sufre.

A partir del ruido, tratan de llenarse de estímulos. De allí, la droga, el alcohol, las salidas a lugares nocturnos de aturdimiento o la televisión prendida todo el día, aunque no haya nada valioso para ver.

Al ayudar al otro, alejan de su propia vida la soledad.

Al olvidar el llamado de Dios, obramos mal, pero no por ello perdemos todo lo bueno que hay en nuestra naturaleza.

Al viajar por distintos, lugares, encuentro la pobreza del mundo occidental mucho más difícil de combatir. Mucho más intensa y dolorosa que la miseria del hambriento de comida o el que padece un dolor físico. Cuando recojo a una persona de las calles, le doy un plato de comida o un pedazo de pan, y ambos sabemos que ese hambre, por un instante, será satisfecho, hasta su próxima alimentación, pero una persona que es echada del seno de su hogar, segregada, discriminada por su color de piel, una persona se siente despreciada y no querida, una persona que tiene temor a los vejámenes, al abuso social y sexual y a su propia soledad, ésa me parece una clase de pobreza mucho más dolorosa y más difícil de erradicar. Nuestras hermanas están trabajando contra esa clase de miseria y de dolor.

Aquí viven y ayudan hasta que el chiquito nazca y si podemos persuadirlas de que se queden con su hijo, entonces nos ocupamos de él. Nunca rechazamos a un niño. Todos son preciados. Todos son creados por Dios.

Bienamado Señor, gran sanador, me arrodillo ante Ti, pues todo don de perfección procede de Ti. Yo te rezo para que otorgues destreza a mis manos, visión clara mi mente, generosidad y humildad a mi corazón.

Cada día es un instante en la eternidad de Dios. Somos sus instrumentos. Cada ser humano merece nuestra dedicación.

Cada hombre es importante y merece nuestra atención.

Cada vida ajena es nuestra propia vida. Estamos hechos para destinos de luz. Para amar y ser amados.

Calcuta es dura y es al mismo tiempo un regalo de Dios para brindar lo mejor de la naturaleza humana al enfrentarse con lo peor.

Como la verdad, para ser dicha, como la vida, para ser vivida, como la luz para ser iluminada, como el amor, para ser amado, como el camino, para ser andado, como la alegría, para ser dada, como la paz, para ser extendida, como el sacrificio, para ser ofrecido, en nuestras familias y en nuestros barrios.

Convirtámonos en ramas verdaderas y fructíferas de la viña de Jesús, recibiéndolo en nuestra vida como él quiera mostrarse.

Cuando digo “el menor de mis hermanos” hablo no solo de los que sufren pobreza física, sino de quienes sufren soledad. Hablo de los necesitados no solo de comida, sino de la palabra de Dios. Aquellos que buscan justicia y amor. Los que piden huir de su ignorancia y recibir conocimientos. Aquellos que quieren llegar a la verdad. Los que más que ropa, buscan dignidad. Los que piden caricias en el cuerpo y el espíritu. Los que son víctimas del abuso y de la discriminación. Los que son abandonados e indigentes. Los que han perdido la esperanza, que es lo último que deberían perder. Los que creen haber perdido a Dios. Lo que caen en adiciones. Los que están presos.

Dar hasta que nos duela.

Debemos hallar el silencio y orar. Allí todo puede suceder y nos revela. Sigamos esa voz de la conciencia, que es la voz de Dios. No hay nada que temer y mucho que agradecer.

Debemos mantener la alegría de amar a Dios en nuestro corazón y compartirla con todos los seres que encontramos, y especialmente con nuestras familias.

Debemos seguir esa voz de nuestra conciencia que es la voz de Dios. No hay nada que temer, y mucho que agradecer.

Déjanos predicar sin sermones. No mediante palabras, sino con nuestro ejemplo.

Dependemos completamente de la providencia. Dios nos cuida y nos protege en cada una de nuestras necesidades.

Dios ama a quién ayuda con alegría.

Dios está en todo y en todas partes. Los hindúes, los musulmanes o los cristianos somos sus hijos. Todo lo son.

Dios siempre cuida sus criaturas, pero lo hace a través de los hombres. Si alguna persona muere de hambre o pena, no es que Dios no haya cuidado, es porque nosotros no hicimos nada para ayudarla. Nos fuimos instrumentos de su amor, no supimos reconocer a Cristo bajo la apariencia de ese hombre desamparado, de ese niño abandonado.

Dios solo habla en silencio.

Dios sólo habla en silencio. El ruido presenta un problema para quién busca a Dios. El silencio es reflexión. El ruido es olvidar nuestra misión.

El amor de Cristo siempre es más fuerte que el mal en el mundo.

El amor nos hace iguales. El amor comienza en el hogar. En las escrituras esto expresa muy claramente, cuando Jesús dijo: “Todo lo que hagas al otro me los estás haciendo a mí”.

El corazón no tiene límites para amar. No hay barreras físicas para llegar con el espíritu a donde uno desea.

EL día más bello: Hoy.

El error mayor: Abandonarse.

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

El mejor remedio: El optimismo.

El miedo se supera con la oración.

El misterio más grande: La muerte.

El mundo es uno y la humanidad es una.

Él nos pone el camino frente a nosotros para que podamos elegir y a veces por pereza, por negligencia o por ignorancia, elegimos el mal y allí es donde se alza un obstáculo que nos impide ver la claridad.

El obstáculo más grande: El miedo.

El peor defecto: El mal humor.

El regalo más bello: El perdón.

El resguardo más eficaz: La sonrisa.

El sentimiento más ruin: El rencor.

El servicio es lo que podemos llevarnos a nuestro encuentro final con Dios.

El silencio es reflexión.

El trabajo de asistencia es demasiado bello como para no conservar el sentido del humor. No hay razón para no tenerlo. Esto lo hacemos como un acto de gratitud por la vida, y en nombre de Jesús.

En el fondo todo creemos. Algunos se resisten porque no están dispuestos a un cambio. Él dice que no cree, ya está abrazando la idea de una creencia.

En la vida actual hay demasiado ruido, y eso hizo que la gente llegue a temerle al silencio. Saben que, si se callan, van a escuchar de verdad y eso a veces suele ser muy doloroso.

Encontré una mujer moribunda en las calles. La traje a nuestro hogar. Cuando la acosté a una pequeña cama, me sonrió, tomó mi mano y dijo una sola palabra. “Gracias “. Luego murió. Ella me dio mucho más de lo que yo hacía por ella. Me dio su gratitud.

Es oriente hay más respeto por la dignidad humana. Hay más respeto por los tiempos del ser humano. Hay más contemplación y más acercamiento.

Es un nuevo regalo de Dios que haya tanta vocación en los corazones de los jóvenes.

Es una dicha vivir aquí.

Ésa es la belleza del trabajo. Aquí y en cualquier lado.

Ése es el secreto de la eterna juventud. Es el privilegio que nos da Dios. El día es demasiado corto para ser egoísta.

Estamos combatiendo el aborto a través de la adopción

Están dispuestos a tocar sufrientes.

Grita aquél que no tiene nada que expresar.

Habría que evitar caer en la tentación, ya que la fuerza de caer en ella, se puede llegar a la destrucción. La oración nos da la capacidad para superarla.

Hay verdades nuestras, hondas y duras, pero hay que saber acercarse a ellas, entenderlas y convertirlas en acto de transformación interna por amor a Dios y a la humanidad.

Hemos sido creados para grandes destinos. Sólo tenemos que comprenderlos.

Jesús dijo: “Venid, benditos de mi Padre, que cuando tuve hambre, me diste de comer, cuando tuve sed, me diste de beber, cuando estuve desnudo me vestiste, cuando estuve enfermo, me atendiste, cuando estuve preso, me visitaste.

La compasión es como el vuelo del alma hacia el prójimo.

La cosa más fácil: Equivocarse.

La distracción más bella: El trabajo.

La familia que reza junta, permanece junta.

La fuerza más potente del mundo: La fe.

La gente de Calcuta ha aprendido a conocer y amar a sus pobres. Gente de todas las creencias comparten este trabajo. Sólo llegan y dicen: “Queremos ayudar”.

La gente teme vincularse con el otro por el miedo al rechazo o por no atreverse a dar.

La guerra es el fruto de la política. Además, si uno se envuelve en la política, hay que tomar bando por algún partido. Yo no quiero eso. Mi bando es el de los desposeídos y el de los necesitados.

La imagen de Dios que es única, es lo que vemos en cada niño, bello o discapacitado, sano o enfermo. Es la imagen de Dios trascendente. No podemos perder la alegría. Debemos hacerla crecer en nombre del Señor.

La juventud está entendiendo que ya no es tiempo de hipocresías y dobles posturas. Es tiempo de acción. Del amor en acción.

La Madre Teresa de Calcuta dijo: Los niños deben aprender a rezar y los padres debe rezar con ellos. Si es así, se logra mucho más fácilmente fortalecer nuestra fe. Hay que enseñar a los hijos que es una forma de evitar el sufrimiento.

La mayor satisfacción: El deber cumplido.

La mejor manera de mostrar nuestra gratitud a Dios y la gente, es aceptar todo con alegría.

La peor derrota: El desaliento.

La persona más peligrosa: La mentirosa.

La pobreza no es obra de Dios, sino que los responsables de que exista somos nosotros.

La primera necesidad: Comunicarse.

La raíz de todos los males: El egoísmo.

La ruta más rápida: El camino más correcto.

La sensación más grata: La paz interior.

La soledad es la peor clase de enfermedad.

Las parejas que están crisis deberían rezar y perdonar. Saber que en nuestro humano camino han sido unidos por alguna circunstancia divina. Aprender de ese encuentro. Superar las dificultades y salir fortalecidos. Respetarse y perdonarse. Uno tiene que corregir en uno mismo, antes de molestarse con el otro.

Las personas más necesarias: Los padres.

Las zonas más enfermas de alguien, despiertan a su vez la enfermedad en otro que no esté lo suficientemente bien plantado o prevenido. Si alguien es débil, se debe a que no practica una vida espiritual con convicción o amor. Al estar en contacto con seres así, debemos orar mucho para que esa oración llegue a ellos.

Líbrame Jesús mío, del deseo de ser amada, del deseo de ser alabada, del deseo de ser honrada, del deseo de ser venerada, del deseo de ser preferida, del deseo de ser consultada, del deseo de ser aprobada, del deseo de ser popular, del temor de ser humillada, del temor de ser despreciada, del temor de ser rechazada, del temor de ser calumniada, del temor de ser olvidada, del temor de ser ofendida, del temor de ser ridiculizada, del temor de ser acusada.

Lo más bello de todo: El amor.

Lo más imprescindible: El hogar.

Lo que más hace feliz: Ser útil a los demás.

Los bienes del mundo, los regalos del cuerpo y de la mente, las ventajas del nacimiento, la educación, el hogar y la crianza, las capacidades y habilidades, los talentos y los logros, provienen de Dios. Son regalos de Dios, y nadie tiene el derecho de poseer riquezas superfluas y acumular bienes materiales, mientras otros mueren de inanición y sufren todas clase de carencias. Nosotros tratamos de equilibrar esta situación, por el esfuerzo voluntario de la humildad y la entrega, y el sacrificio de formas de vida lujosas y ostentosas.

Los jóvenes están buscando un desafío. Vienen aquí, sirven durante unos meses, trabajan todo el año para poder venir aquí. Acá no les pagamos. No les damos más que la posibilidad de que sirvan, y lo hacen en forma desinteresada y feliz.

Los mejores profesores: Los niños.

Los milagros suceden a diario. Son consecuencias permanentes del amor en acción.

Morirse es volver a casa. Quienes mueren aquí, mueren en paz, y eso es lo que podemos esperar. Morir en paz y con dignidad. Eso es para la eternidad.

Muchas veces se me hizo durísimo concretar los centros de asistencia a leprosos. La deformidad física causa en mucha gente una sensación tan repulsiva que los lleva discriminar a los enfermos.

Nada es demasiado insignificante. Somos tan pequeños que miramos todo desde una óptica de pequeñez. Pero el Señor, siendo todopoderoso, ve hasta lo más pequeño como grande.

Necesitamos muchos misioneros, laicos o religiosos, y que la paz y la caridad envuelvan a los corazones.

No hay nada que tener miedo a escuchar las verdades que están en nuestro interior.

No hay que cambiar la religión de los hombres, sino su corazón.

No se debe temer lo que Dios manda. El hecho de morir es algo normal. Todos debemos cambiar esta apariencia para llegar a la vida eterna. Lo que es peor es aquél que ha muerto en vida, por falta de amor y contención.

No trabajamos por la gloria o el dinero. Éste es un amor consagrado a Jesús. Trabajamos para Dios.

Nosotros siempre tratamos con individuos, nunca con las masas. Pero si esperamos que haya muchos, entonces nos perderíamos en la cantidad y nos haríamos nada por nadie.

Nuestra conciencia es sabia y no resiste el engaño. Se debe pedir perdón y saber perdonar.

Para Dios es simple y bello. El amor de Dios por nosotros es mayor que todos los conflictos siempre pasajeros.

Permanece en nosotros para que toda alma que encontremos, pueda sentir tu presencia en nuestra alma.

Pobreza, hay en todas partes del mundo. Queremos que los pobres se sientan amados. No podemos llegar a ellos con expresión de dolor o conmiseración. Es una dicha servirlos, y lo hacemos con un rostro alegre.

Podemos transitar por los lugares más terribles sin temor, porqué Jesús en nosotros nunca nos decepcionará. Jesús es nuestro amor, nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestra compasión.

Querido Jesús, ayúdanos a esparcir tu fragancia por donde quiera que vayamos. Llena nuestra alma de tu espíritu y vida. Que nuestra vida pueda ser un resplandor de la tuya.

Recuerdo varias ocasiones en que todo un barrio se reunía y nos arrojaban piedras para que no nos estableciéramos allí. La ignorancia y el temor van de la mano.

Se olvidan que no hay como dar para recibir. La verdadera dicha es dar. Cuando uno conoce a Dios, nunca más está solo.

Si actuamos así, estamos actuando contrariamente a la ley de Dios, cuyo mandamiento más importante es el del amor al otro.

Si el mal se apodera de alguien, éste puede extenderlo o desparramarlo a su alrededor.

Si María y José estuviesen buscado un lugar para convertirlo en el hogar del niño Jesús, ¿elegirían nuestra casa y todo cuanto ésta contiene y representa?

Si no creyéramos que en cada pobre, enfermo o moribundo está el cuerpo de Cristo, no tendríamos fuerzas para llevar a cabo el trabajo. Es a Cristo a quién tocamos en cada cuerpo de los hambrientos y los abandonados. Él dijo “Lo que hagas por ello, lo haces por mí “.

Si no logramos pedir perdón a alguien en particular, deberíamos disculparnos con Dios, que es misericordia pura. Es necesario estar libre de cargas y con el corazón puro. Dios siempre perdona y libera, si nos acordamos de él y le entregamos nuestro tormento. Se deber rezar para poder perdonar a quienes nos hay herido y dañado.

Si puedes quitarte el miedo, ya habrás hecho mucho. Es algo muy grande dejar de temer. Hay que confiar en Dios y en la vida y sacarse los temores que nos enturbian y enferman desde hace años.

Si realmente amamos a Cristo, no puede haber dudas. La mente interviene y sólo el amor hace desaparecer los disturbios.

Si supieran cuán solos están los jefes de estados y los que se creen importantes, allá arriba en sus cimas de poder. En realidad, no saben en quién confiar.

Si yo discrimino a alguien por el color de su piel, significa que me estoy creyendo que soy mejor que él.

Sólo soy un instrumento, un pequeño lápiz en las manos del Señor. Aún Dios me muestra su humildad utilizando instrumentos tan débiles e imperfectos como nosotros.

Somos siempre capaces de elegir: el bien o el mal. Nadie es malo por naturaleza. Dios nos creó para destinos de grandeza.

Son los resultados lógicos de alinearse con la providencia de Dios al entregarse a Él.

Son solo palabras que encontramos en el evangelio y que aquí debemos practicar todo el tiempo. Amor y servicio. Ése es el amor en acción.

Tal es su hambre y su enfermedad. Entonces los asistimos. Una vez que empiezan a recobrar sus fuerzas, pueden irse. Si desean quedarse trabajar junto a nosotros, son bienvenidos a hacerlo.

Tenemos que acordarnos de las palabras de Jesús: “Lo que haces por los otros, lo está haciendo por mí”.

Todas las noches antes de dormir debemos realizar el examen de conciencia, por si fuera nuestro último día.

Todo es así, lo bueno y lo malo.

Todos saben en la India, que siempre estamos dispuestos a recibir a un niño. Siempre reiteramos que, al algún niño no querido, no lo dejen morir. Tráiganlo aquí.

Todos somos iguales y tenemos los mismos derechos. Si todos actuáramos de acuerdo con estos principios, la vida sería más bella para todos.

Tómate tiempo para hacer caridad. Es la llave del cielo.

Tómate tiempo para jugar. Tómate tiempo para amar y ser amado. Tómate tiempo para dar.

Tómate tiempo para pensar. Tómate tiempo para rezar y tómate tiempo para reír.

Tratamos de que las jóvenes embarazadas no aborten. Las recibimos con nosotras.

Un día, saqué a un hombre de una cloaca. Su cuerpo estaba lleno de llagas. Lo llevé a Nirmal Hrday, que es la casa del amor en acción. Lo limpiamos, lo bañamos y curamos sus heridas. Durante todo ese tiempo nunca se quejó y no había rastros de miedo en su expresión. Lo único que me dijo fue: “Siempre viví como un animal en las calles, pero ahora voy a morir como un ángel”. Me sonrió de un modo bellísimo y murió. Su sonrisa permanece siempre en mi mente y en mi corazón. Es de la más hermosas que he visto.

Un vaso de agua que se da a un pobre con misericordia y amor, es un vaso de agua que se da al mismo Dios.

Una de las cosas más importantes de la vida es dar y ofrecer a quienes viven en nuestro entorno, el amor que hemos recibido.

Veo a Cristo en el pan. En las calles veo a Cristo en cada pobre, en sus cuerpos enfermos, en los moribundos, por eso el trabajo se hace posible.

Ver a alguien que, en parte de esta vida, es tomar contacto con el estado último de este cuerpo. Con el momento de la partida y con el comienzo de la luz de Dios en la otra vida.

Y somos responsables porque no sabemos compartir las cosas con Dios.

Ya sé que todos me preguntan cómo la muerte puede ser bella.

Yo les digo que confíen el Altísimo y en sí mismos, pero que obren bien, pensando en la sociedad y no en su propio interés y egoísmo. Lo he visto con lágrimas en los ojos, y las voces entrecortadas, hablarme de sus soledades y de su necesidad desesperadas de fe.

Madre Teresa de Calcuta: frases en imágenes

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